Friday, June 05, 2009

Medios fueron cómplices de un Golpe de Estado

Kadir Colón, Patria Grande, Viernes, Junio 5, 2009 - 12:51


Aquel 11 de abril, hace 7 años, el clima era turbio, los venezolanos se abocaron a las calles de Caracas para dar a conocer sus posturas políticas, unos, apoyando el nuevo proyecto de país liderado constitucionalmente por el presidente Hugo Rafael Chávez Frías, otros, respondiendo a intereses particulares de sectores de la oposición, las oligarquías y las minorías burguesas aliadas a grupos imperiales extranjeros y contundentementeTenían una esperanza…

La conocían como Revolución, pero que era diferente a cualquier otra; una Revolución que enaltecía y tributaba su epíteto, conforme a los preceptos históricos que había dejado plasmado para la posteridad de todos los tiempos a su máximo mentor, que sobre él sustentaba su pasado, su rumbo y su esencia… Simón Bolívar. El Libertador…

La Revolución Bolivariana. Desencadenantes inmediatos Aquel 11 de abril, hace 7 años, el clima era turbio, los venezolanos se abocaron a las calles de Caracas para dar a conocer sus posturas políticas, unos, apoyando el nuevo proyecto de país liderado constitucionalmente por el presidente Hugo Rafael Chávez Frías, otros, respondiendo a intereses particulares de sectores de la oposición, las oligarquías y las minorías burguesas aliadas a grupos imperiales extranjeros y contundentemente manipulados por una férrea campaña de búsqueda de desestabilización que era maquinada desde los principales medios de comunicación privados del país.

Dirigentes opositores lograron incitar a la clase media a movilizarse hacia el centro de Caracas para consumar un guión de Golpe de Estado que ya estaba premeditado. El móvil desencadenante inmediato de estas acciones de la oposición, tenía su origen en lo referido a una de las principales industrias del mundo, PDVSA. Petróleo y poder eran privilegios que la burguesía se negaba, y aún equivocadamente, se niegan a perder.

Sectores privados y dirigentes de partidos políticos de oposición, contrarios al ideal del presidente Chávez, respaldados por cuerpos de seguridad, medios de difusión masiva y francotiradores cobardemente ocultos, coaccionaron tanto a sus propios seguidores, como al pueblo bolivariano. Muertes, caos y consternación pretendieron silenciar el despertar de un pueblo.

Pero la historia aún no dictaminada su culmen. Varios instantes del tiempoUn valor agregado de gran magnitud para la Era de la Imagen,-como ha sido reconocida esta etapa de la historia contemporánea-, se alzó por entre la mentira y la conspiración de la derecha más recalcitrante de la IV República venezolana.

Tal agregado se refiere al valor y coraje de diversos reporteros gráficos, comunicadores comunitarios, fotógrafos, periodistas, documentalistas y algunos testigos de los hechos ocurridos en las inmediaciones del centro de Caracas, quienes valientemente se erigen hoy en día como esos protagonistas no convocados por los medios masivos de la empresa privada, ante una ráfaga de hechos que marcaron hito en la historia presente de Venezuela y su consecuente devenir político.

El complejo proceso de la comunicación, hizo dignamente su traslación física y tangible a imágenes, unas digitales, otras virtuales, algunas en negativos y otras en planos de movimientos registrados por dispositivos audiovisuales que congelaron y archivaron varios instantes del tiempo.

El ejercicio del foto reporterismo quedó sobriamente reivindicado ante las gráficas de héroes que develaron la crónica de un Golpe de Estado fallido. Con el paso del tiempo a los hechos que desencadenaron en el Golpe de Estado perpetrado por Pedro Carmona Estanga y sus aliados y que desconoció por completo el estado de derecho de un proceso político ajustado a la Constitución vigente, los abusos y el engaño por el cual hicieron creer a los venezolanos y venezolanas que el presidente Chávez habría generado la masacre de Puente Llaguno y sus alrededores, quedaron desmentidos ante los documentos de estos comunicadores visuales.

Sus fotografías e insumos audiovisuales desestiman y llevan hoy a menos aquellas imágenes que las televisoras locales difundieron y se repitieron muchas veces en medios nacionales e internacionales como una verdad absoluta. Claves de una masacre Otra visón, la de la realidad, sobrepasó aquellas noticias que difundieron los medios de comunicación que narraban los hechos bajo la óptica de la falsedad.

El premio Internacional de Periodismo Rey de España otorgado al reportero Luis Alfonso Fernández, a través de la agencia EFE y la Agencia Española de Cooperación Internacional en noviembre de 2002, premiaba realmente la manipulación de un hecho que investigaciones como la del documentalista Ángel Palacios desmienten y orientan sobre lo realmente sucedido.

El documental “Puente Llaguno: Claves de una Masacre” demuestra toda la orquestación acoplada para institucionalizar una manipulación en las imágenes que ya hoy desmontada, demostró, de manera rotunda, que los agresores no eran los llamados “pistoleros del Puente”, y en cambio, el reciente juicio y su dictamen sobre estos hechos, comprobó la responsabilidad de la Policía Metropolitana como contundente, al igual que aquellas acciones aún impunes de francotiradores situados en lugares estratégicos y ocultos. Sin embargo, recordemos que miembros de la oposición en aquella oportunidad, culparon a los organismos de seguridad del Estado de los asesinatos.

Sobrevendría después de estos hechos dramáticos, los actos de un grupo de militares adversos a Hugo Chávez para concretar este análisis de investigación que hoy afirmamos como un fallido Golpe de Estado Comunicacional, a propósito del 11 de abril de 2002.

Justificándose ante el panorama general de desconcierto, aquellos miembros desleales del Alto Mando militar del Estado venezolano tomaron el Palacio de Gobierno para supuestamente restituir el orden cívico y entregar los destinos de la nación al entramado de Fedecámaras.

Comunicación y poder Algo a destacar, resulta en el comportamiento adoptado por medios de comunicación españoles y estadounidenses que publicaron de inmediato editoriales o noticias en favor del gobierno de Carmona. Atlanta al acecho. CNN en Español concedió “entrevista exclusiva” a Carmona. The Washington Post perfiló su editorial apoyando el gobierno de facto del golpe.

La oficina de prensa del Pentágono intentaba elevar el “nuevo gobierno de transición” a la categoría de legítimo ante la opinión pública internacional. Mientras tanto, los medios locales privados entraron en hibernación.

La realidad de una capital en revuelta no formaba parte de una programación noticiosa que dio prioridad a programas de variedades y comics, mientras en las barriadas y sectores populares de Caracas, un pueblo recordaba que Bolívar aún retumbaba es sus conciencias. La tesis del Cuarto Poder se resquebrajaba. Si los medios en realidad tumbaban gobiernos, la Caracas insurgente lograría burlar los postulados de aquel nefasto axioma.

Afortunadamente, medios de comunicación alternativos, como Indymedia, ofrecieron información más imparcial, y algunas cadenas de noticias internacionales como Euronews, calificaron inmediatamente el derrocamiento de Chávez como un golpe de Estado. Era evidente el espectáculo como vehículo de hegemonía y el engaño como su principal actor.

Un alzamiento de las mayorías de la población no se hizo esperar en la capital venezolana, con medios y mecanismos de comunicación que burlaron el silencio de las plantas difusoras privadas, el pueblo tomó la calles exigiendo la restitución de la legalidad y el regreso del Presidente, así como no reconocieron a Carmona y a su gobierno de facto como legítimo, llevando esto a los militares leales al Gobierno a retomar el poder.

Abrigado por una multitud que se congregó en las afueras del Palacio de Miraflores hasta ver su regreso, Hugo Chávez reasumió de nuevo la Presidencia casi 48 horas después de la fracasada intentona mediática, en la que los dueños de empresas privadas de la comunicación tuvieron una participación decisiva.

A siete años de lo sucedido aquel abril de 2002, debemos aseverar que para comprender la realidad política venezolana, desde el espectro de la incertidumbre versus la verdad, del papel de la ética comunicacional sobrepuesta por sobre la de la lógica del capital, es necesario no menospreciar a una población que despertó del letargo, de la ignominia de quienes por años la subestimaron como soberano.

Y es sin duda, una sociedad que tiene hoy mejor definida la comprensión de los factores que inciden en las relaciones socio-políticas entre el poder y la comunicación.

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