De rodillas frente al altar. Su fe se diluye en gotas de sudor que caen por su mejilla. El murmullo de su oración resuena en el solitario templo.
“Virgen María Santísima, que esta noche no sea la última, déjame ver crecer a mis hijos” dice sin abrir los ojos. “Perdóname por lo que voy a hacer”.
“Dios está con usted” dijo un caballero sorprendiendo a Matías. “Por muy grande que sea su pecado, Dios siempre lo perdonará, si usted se arrepiente”.
No hubo más palabras. El caballero salió a paso lento del templo y se detuvo a la orilla de la calle a esperar el autobús. No había pasado un minuto cuando sintió el peso sobre su espalda. Un brazo armado pasó sobre su pecho, dejando un brillante filo frente a su estómago.
“No hable, deme el reloj y la cartera”, el miedo agobiaba al hombre que entrecortando palabras dijo: “no me mate, por amor a Dios”.
En ese momento sintió escalofríos con la sangre que corría por su abdomen. “Dios está de mi parte, ya le he pedido perdón” dijo el bandido y se desapareció en la oscura noche. (LGL)
El encanto de los Duendes (relato)
2 weeks ago
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